En una sola semana dos proyecciones me han devuelto la oportunidad de disfrutar de una de las cosas que más me han gustado siempre: una buena película. "Barbara" y "La mejor oferta" me han deleitado con su buen hacer en el séptimo arte. La primera en la gran pantalla y de un tirón, en una noche de domingo en la que sólo tres espectadores habitábamos la sala (en el cine "Madrigal", el único de los de toda la vida que a duras penas subsiste en Granada, aunque el olor a humedad le lleva inmediatamente a quien entra allí a mirar su deteriorado techo, para percibirlo como la crónica de una muerte anunciada). La segunda, de la que sólo sabía que estaba dirigida por el gran Giusepe Tornatore (Cinema Paradiso, 1988), en pantalla pequeña (no pregunten cómo...) y a lo largo de tres sesiones de este fin de semana estival que va tocando su fin. Así que sólo por el tiempo invertido dedicaré esta entrada a la segunda.Si tuviera que decir en pocas palabras lo que esta gran creación cinematográfica ha movido dentro de mí serían que el mundo del arte y del amor son tan complejos que nunca habrá dos miradas idénticas que perciban de la misma manera una obra maestra. Sí, digo bien, una obra maestra, porque como bien reflejó en el título de su libro Erich Fromm, amar es un arte.
Pero además, la gran reflexión que ha traído a mi cabeza esta película es la posibilidad de falsificar el amor, al igual que se hace con las obras de arte. Algo que, hasta no hace demasiado tiempo, no creía posible. La diferencia es que cuando un amante del arte es timado en una subasta, al darse cuenta con el paso del tiempo del valor real de la obra adquirida, sólo sentirá que ha perdido una suculenta cantidad de dinero a cambio de algo de poco valor. Pero cuando un amante de la vida ofrece su amor en estado puro, con todas sus consecuencias, y a cambio recibe una falsificación de amor por parte de la persona amada, probablemente cuando se dé cuenta será demasiado tarde como para evitar que el daño sufrido sea ya casi irreparable. Le habrán robado un trozo de su alma.
Hay quien ha comparado esta película con "Nueve reinas". La única similitud que les encuentro es una estafa muy bien montada en ambas tramas. Como diferencia, y sustancial como para motivar esta entrada en el blog, en la primera, aunque no justifico la estafa, timar a alguien y que éste se deje por su codicia no me parece del todo injusto. Sin embargo, en "La mejor oferta" no se está hablando de timar a alguien codicioso, sino a alguien que por primera vez se enamora en su vida. Jugar con la codicia no es comparable con jugar con el amor. Si alguien codicioso es traicionado, en mi opinión, hasta se lo merece. Por el contrario, si alguien se enamora, ¿es justo que sea timado? ¿que haya gente capaz de pagarle con una falsificación de amor para sacar partido de ello, sea cual sea el fin último: económico, de satisfacción sexual, llenar la soledad que no soporta,...? Cualquiera de las motivaciones me parecen de una extrema crueldad. Y sí, dirán, la vida es injusta. Precisamente por eso, no acallemos las injusticias. Si no, cuando queramos acordar será demasiado tarde para sanar nuestro lastimado corazón.
Y si como se dice en la película "Siempre hay algo auténtico oculto en toda falsificación", en el caso del amor transformaría el orden de la frase para que sea cierta, aún usando prácticamente las mismas palabras: Sólo se puede partir de un amor auténtico para que no haya falsificaciones.
Las relaciones humanas son complejas, más que los entresijos de muchas maquinarias, pero con amor "las cajas de engranajes son como las personas, si llevan juntas el tiempo suficiente eventualmente adoptan sus formas mutuas. El tiempo puede hacer posible todo tipo de cohabitación. Hay que mantener la calma, porque el tiempo ya trabaja en sus cajas de engranaje". Pero si no se parte de la premisa AMOR, todo lo demás es renunciar a la propia felicidad.
Espero que tengan la oportunidad de verla y hacer realmente una buena crítica cinematográfica y no una perorata de sinsentidos emocionales como la mía. Yo sólo puedo decir que me ha gustado muchísimo, porque, como un libro, admiro las obras de arte, también las del considerado séptimo arte, en especial las que no me dejan impasibles.
Guiseppe Tornatore: "La vida se vive arriesgándose, manchándose las manos". Diario digital "El Público".
