domingo, 3 de junio de 2012

I WISH YOU WERE HERE

Pues siguiendo con aquellos buenos consejos que D. Andrés nos daba el año que cursaba segundo del entonces Bachiller Universal Polivalente, nuestro añorado BUP, de nuevo elijo y comparto con ustedes una canción, y mejor si es buena, para aprender y no olvidar una estructura de ese idioma que se habla, entre otros lugares del mundo, en unas islas donde dicen que Dios puso a todos los "locos" (con todos mis respetos) sin saber que esos "locos" alcanzarían el continente y harían por convertir su lengua en, nos guste o no, la lengua internacional. Pues sí, tal vez con esta canción será más fácil recordar el "I wish+simple past", cuando queremos expresar un deseo en presente. Que la disfruten y les sea útil.




So, so you think you can tell Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?
And did they get you to trade your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?
How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year,
Running over the same old ground.
What have you found? The same old fears.
Wish you were here.

Pink Floyd

domingo, 8 de abril de 2012

Grupo 7

Ayer fue una de esas veces que uno va al cine sin mirar la cartelera, en último caso hubiera visto Titanic en 3D por aquello del aniversario. Lo que no esperaba es que iba a ver una película tan buena. Debo reconocer que no es de las de mi estilo, porque tiene violencia a montón y en un momento de la peli estuve a punto de salirme, por no contaros la de veces que me tapé la cara. Así que dírán ustedes que entonce porqué me gustó. "Grupo 7" me ha gusta por varios motivos.
El primero de ellos por la excelente interpretación que hacen los actores que participan en ella. En especial Antonio de la Torre en el papel de Rafael. Me pregunto cómo se pueden decir tantas cosas con la mirada. Ya me encantó en "Azul oscuro casi negro" (Goya, 2006), pero en esta nueva película veo que es un actor capaz de interpretar muy distintos registros y bordarlos.
En segundo lugar el argumento no me dejó indiferente. Sevilla, años de preparación para la Expo'92, hay que limpiar la ciudad de droga para dar una imagen impecable al mundo...Los humanos somos capaces de intentar "acabar" con un problema no por lo que el problema representa en sí, sino porque el escaparate hacia los demás sea más atractivo. Porque en la mayoría de los casos el problema no se acaba. Hoy sin ir más lejos, una de las noticias del día ha sido que las costas andaluzas siguen siendo puerta de entrada para la droga en Europa. Han pasado 20 años desde aquella época frenética de construcciones faraónicas en la ciudad: puentes, carreteras... Desde la crisis actual cuesta recordarlos. La situación ha cambiado pero el gran problema de la droga sigue existiendo y en mucho casos con la misma crudeza o más que se refleja en esta historia.
En la película, cuatro policías que forman un grupo de operaciones antidroga se dejan la piel en su trabajo para que su jefe se ponga medallas. Cada uno de ellos tiene su verdadera motivación, tan profunda en algún caso que les lleva a jugársela demasiado.
Pues como decía al principio, dura por su violencia, pero merece la pena verla.

sábado, 11 de febrero de 2012

Y se cruzaron en el cielo azul

Sugerencia para escuchar mientras se lee este post: Eu Sei Que Vou Te Amar, Joao Gilberto

Esta semana he experimentado algo que quiero compartir con vosotros (o mejor dicho contigo, mi pequeño-gran mundo virtual).




Miraba desde mi balcón el Monte Hacho. Como tantos montes con este nombre que se reparten por la geografía española, su majestuosidad, su robustez y su ensoñador perfil se alzan frente al lugar donde resido. Cruzando el río Genil, allí está él, desafiante y amigo a la vez, pero siempre, allí, está él.




Contemplarlo en un día de cielo azul es todo un ejercicio de relajación para la mirada y un fluir para el pensamiento; en esos minutos en los que el humo del cigarrillo de sobremesa o a deshora aportan aun más melancolía a la estampa.




Así lo contemplaba, y así estaba él allí, estático. Justo entonces el movimiento rompió la visión habitual y arrastró en su torbellino mi imaginación. Un gran avión apareció en el cielo azul surcándolo hacia el Oeste, y unos instantes después, unos metros (supongo que muchos) más abajo, un helicóptero planeaba en dirección Este. Pareciera que el monte fuera un imán que atrayera a ambos. Por un momento, fueron un solo punto en el cielo azul y casi se diría que estaban igual de quietos que el propio Hacho. Pero después cada uno siguió su ruta en sentidos opuestos. Ambos seguían teniendo como fondo el mismo cielo azul y la misma roca del monte, pero ahora las dos fotografías, que segundos antes fueron una, se iban separando en dos irremediablemente. Sin embargo, en el ejercicio inverso, cuando se fueron aproximando para entrar en "escena" y formar el cuadro del que disfruté instantes antes, no me había percatado de la realidad que ahora veía tan clara: eran dos aeronaves, volaban en direcciones opuestas, pero al abrigo del Hacho pudieron ser una sola.




Y un poco así, como en esta visión, sentí que son nuestras vidas y nuestros corazones. Hay cosas sólidas, inamovibles, como el amor. Como un imán, como el gran monte, es capaz de juntar vidas en principio totalmente dispares, es capaz de fundirlas por unos instantes, instantes que trasladados a la escala del tiempo de nuestras vidas pueden ser años, según seamos pilotos de más o menos riesgo. Y un buen día, sin más remedio, las trayectorias comienzan a separarse. En realidad no quieren hacerlo, pero no lo pueden evitar, ya eran dos fotografías antes de formar la instantánea tan maravillosa que fue mientras duró. Y el Hacho seguirá estando ahí, para permitirnos seguir soñando despiertos, para mirarlo, para que al admirarlo, en los días de cielo azul, seamos capaces de trazar caminos en el aire, quizá caminos nuevos, quizá los ya pisados, cada uno elegirá, una y otra vez, el suyo propio. Pero lo que no sabremos será a qué encuentros nos habrán de llevar esos caminos. Solo él guarda el secreto y a nosotros solo nos puede quedar la paciencia de seguir contemplándolo mientras hallamos la respuesta en el fondo de nuestros corazones, solo allí la encontraremos verdaderamente.