domingo, 8 de noviembre de 2009

A FRANCISCO AYALA, IN MEMORIAM


Resulta increíble, que una persona después de vivir 103 años se despida con las palabras de máxima humildad que puede tener el ser humano cuando son dichas desde el corazón: «Perdón por todo, perdón por todo, perdón por todo». Con palabras parecidas se despidió esa "estrella" que en las noches depejadas puedo ver, que tanto me reconforta al mirarla y que me regaló la vida hace ya casi 35 años. Lástima que no tuviera la paciencia para hacerlo a los 103 años, pero su forma de despedida era una forma más de esa gran humildad que le caracterizaba y que hace que cuando vamos a "verle" podamos leer la bella bienaventuraza: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Personas como ellos, literatos estupendos o simplemente padres ejemplares, estarán siempre con nosotros, desde esa estrella, su estrella, que nos mira cada noche desde el cielo. In memorian, a Francisco Ayala.

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